

Nada en su lugar Tras años sin entrar al juego, hacer una visita por nostalgia a las tierras de Tibia puede comportar sentirse totalmente perdido. Este viejo jugador, con una cuenta del año 2004, nos muestra en qué situación se encontró al entrar, y...


Ahora Uman intentó su suerte. Él se unió con la tierra, que como sabemos se llama Tibia. Y la tierra dio a luz a Crunor, el señor de los árboles. Este dios estaba lleno de encanto y de vitalidad. Como Fafnar, su prima caprichosa, Crunor amó su propia forma, pero él era más sabio que ella, y más modesto. Él pronto se hizo creador de cosas vivas, porque estaba inspirado por la creación y por el regalo de la vida. Después diseñó las plantas, de su propia imagen, y las colocó en el cuerpo de la madre Tibia, hasta que cubrieron toda su cara como una ropa hermosa.
Fardos entonces se unió con el aire, y él dio a luz a Nornur, el dios del destino. Nornur envidió la forma orgullosa de Crunor porque él había heredado la fragilidad y la forma delicada de su madre, y de hecho su cuerpo tenía apenas más sustancia que una nube efímera o una canción en el viento. Él pidió que su creativo primo le ayudara a conseguir un cuerpo firme para sí mismo, pero sin importar que tanto intentaron, no encontraron una solución. Nornur era lo que el siempre había sido desde el principio: Un dios etéreo, la sombra de una sombra. Para consolar a su primo triste, Crunor sugirió a Nornur que él, por lo menos creara un poco de ser vivo, que perteneciera a él, as él podría manifestarse a sus sirvientes. Y las arañas entraron en el mundo, criaturas misteriosas y elegantes que podrían tejer telas de gran belleza. Frágil y efímeras, estas telas delicadas se asemejan a la forma efímera de Nornur.
Finalmente, Uman se unió con Sula, el mar, y esa fue la hora, en que Bastesh la amante del mar fue concebida. Ella era excesivamente hermosa, y Uman y Fardos estaban tristes cuando la vieron, porque ella les recordó a Tibiasula, la ancestro divina de Bastesh. ¡Pero cuidado! Su belleza no duraría. Cuando Fafnar, la diosa inútil del sol, contempló a Bastesh, estalló con celos y la atacó con toda la furia de su orgullo dañado. Profundamente hundió sus garras ardientes en el cuerpo frágil de la diosa recién nacida, y de no ser por los otros dioses ella la habría hecho trizas. En ese momento Suon decidió castigar a su hermana por sus fechorías, y como un castigo justo, ella fue condenada a continuar su vuelo eternamente, huir a través de los cielos de Tibia de la furia de su hermano. Bastesh, sin embargo, se recuperó nunca completamente de las heridas terribles infligidas en ella por su celosa prima. Su belleza casi fue arruinada para siempre, tan pronto como vino a este mundo, pero lo peor fueron las cicatrices que ella creó. Ella creció siendo tímida y melancólica, prefiriendo la soledad reservada del océano cuyas aguas son saladas debido a sus heridas incesantes. Sin embargo, aun cuando ella se comunica raramente con el mundo exterior su presencia fue revelada por la abundancia de las criaturas del mar que pronto vinieron a poblar el océano.
| Capítulo II: The Great Creation |
Capítulo IV: The First Creatures |