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21 de julio de 2008.



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Historia de Asrhan el Nigromante (XII)
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Lentamente, Magic Kiwi arrancó la última escama del dragón. Había terminado con su larga labor de recubrir su armadura de escamas de dragón. Las pegaba con magia de Asrhan, el resultado fue una espectacular armadura que brillaba de verde a juego con sus ojos. Era una figura temible.

Al día siguiente prosiguieron su camino. Escalaron la gran pared rocosa sin ninguna interrupción y siguieron una senda de flores. Poco a poco la vegetación fue desapareciendo.

Y se les plantó ante ellos un inmenso desierto. No se veía el fin, la brisa transportaba arena que pinchaba en la piel. Decidieron cruzarlo. El sol les quemaba la piel y por la noche el frío les calaba. Los animales que vivían en ese hábitat eran pequeños, venenosos y poco comestibles. El agua empezaba a escasear, de vez en cuando encontraban un oasis. Pero lo tenían que abandonar ya que era el hogar de criaturas como leones o hienas.

Cuando aproximadamente estaban por el centro del desierto se encontraron unos grandes pilares de piedra. En cuyo centro había un agujero, abajo la oscuridad no permitía ver nada.

- Adentrémonos. Tal vez desde abajo se llegue al otro extremo del desierto y no tengamos que aguantar las penurias del desierto- sugirió Asrhan.
- No sé, no sé. Me da mala espina este lugar. Creo que como nosotros también puede haber abajo criaturas resguardadas.

Sin dar tiempo a negarlo, Asrhan se tiró había por el agujero.

- No hay nada. Tus miedos son prejuicios.

A su pesar, Magic Kiwi acompaño a su compañero. Anduvieron alumbrados por la luz que desprendía la armadura de Magic Kiwi. Los túneles se extendían hasta que se perdía la vista, pero no por ello dejaron de caminar. Conforme avanzaban iban viendo más esqueletos de humanos, orcos y ratas.

Algunos incluso parecían recientes. El olor a podrido les advertía del peligro de muerte. Pero, ¿quién podría derrotarles? Ni siquiera un dragón lo había conseguido, ahora eran fuertes, o al menos eso pensaban ellos...

El suelo vibró levemente. El polvo del techo calló, las telarañas se rompieron. Pero no se veía nada... el suelo retumbó y calló al vacío. Asrhan y Kiwi no tuvieron tiempo a reaccionar y cayeron junto con los escombros. Estaban en una habitación circular. Estaban solos, las paredes de la sala estaban destrozadas y los restos de esqueletos cubrían todo el suelo. Pero estos no eran como los otros, estos tenían espadas y armaduras; eran guerreros.

Uno de ellos portaba en su mano un libro que lo tenía pegado al corazón. Una espada cruzaba la cabeza del esqueleto. Asrhan cogió el libro. Y lo leyó en voz alta:

Querido lector.

Se acaba mi vida, ellos están llegando... tal vez mi única salvación sea esta. Te contaré mi historia, por que sin las historias los seres no son nada... y yo quiero existir.

Somos unos exploradores que nos embarcamos en una búsqueda de un tesoro hace ya unos años. En el desierto sin embargo nos encontramos con esto. Al parecer, es una ciudad antigua. Descubrimos sus secretos pero al adentrarnos más de lo normal descubrimos una cosa horrorosa... Han abatido a la mitad de nuestros soldados. Jack, Albert, Joan... hombres buenos... y aquel misterioso Bencrof, que nos lo encontramos tirado en un bosque y medio moribundo... Los que hemos conseguido escapar nos hemos escondido en esta habitación. Este secreto no puede quedar en el olvido, por eso lo escribo... "la boca del fuego"... avisad al rey tibiano... el sabrá lo que hacer...

Las letras cada vez se hacían más borrosas por los temblores del explorador y la última página estaba manchada de sangre seca. Pese a lo que había oído, Asrhan no podía creer que Bencrof hubiera muerto. Él seguía sintiendo su vida...

- Vamos, Asrhan. Este lugar es peligroso.

Pero un ruido de ajetreo hizo que un escalofrío recorriese el cuerpo de Kiwi.

- Ya están aquí... exclamó Asrhan.

Sabían que lo que entrara por la puerta sería fuerte, pero no estaban preparados para lo que vieron...

Demonios de tres metros de altura, sus zarpas brillaban como el mas puro de los diamantes, sus colmillos capaces de partir un buey en dos y esos ojos... negros puros... por los que se veía el mas puro mal de todos. Un fuego leve recorría su cuerpo de piel roja. Todos iban disparados hacia ellos, su velocidad era increíble. Eran lo menos cien, y no paraban de llegar...

- No matéis al mago, pero deshaceros del guerrero.- ordenó uno de ellos que portaba una corona de fuego en su cabeza, era más grande que los demás, mas apto para matar en definitiva. Su voz era grave y a la vez aguda.

- Sí, maestro Apocalipsis. Respondieron los otros.

Asrhan no podía creer en la suerte que habían tenido. Su amigo estaba a punto de morir y no podían hacer nada. Vio como su amigo se ponía blanco de miedo, paralizado.

No podía dejar que aquello ocurriese. En aquellos esqueletos todavía residía el poder de los espíritus... por su mente se le ocurrió una idea tentadora. Hasta ahora se había controlado pero ahora... necromancia...

No le importó que todos los nigromantes conocidos hubieran muertos o se hubiesen vuelto malvados por el terrible poder de los espíritus... aquello ahora no importaba... pronunció unas palabras casi olvidadas en el mundo... unas palabras que nadie quería conocer y que pocos la habían oído... sintió el poder de los espíritus luchar contra él... pero él era mas fuerte... canalizó ese poder y...


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Capítulos: I, II, III, IV, V, VI, VII, VIII, IX, X, XI, XII, XIII, XIV, XV, XVI, XVII, XVIII, XIX, XX, XXI, XXII, XXIII

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