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21 de julio de 2008.



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Historia de Asrhan el Nigromante (XIV)
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Vuelve a pensártelo.

Esa voz no dejaba de acosarle en su cabeza. Lo estaba volviendo loco. Sentía cosas extrañas en su interior.

-Él te dejó moribundo. Sin embargo, le buscaste por medio mundo, te uniste a unos exploradores por eso. Te pudo haber salvado si hubiese querido en los demonios, pero prefirió sacrificarte. Prefirió que murieras para saciar su sed de muerte. Él es el asesino. Merece morir. Tú lo sabes. Tú lo deseas. En el mas fondo de tu ser. El te a metido ese ser oscuro dentro de ti, que te intenta dominar y que ha veces lo consigue. Pero te ha dado un poder oscuro, con el que podrás vengarte... piénsatelo. ¿Quién eres?

Esa voz lo volvía loco. Se iba adueñando de él. Después de que le introdujese ese ser dentro de sí, Asrhan, había huido. Se sentía raro, con ganas de matar. Amaba la oscuridad, en su aspecto había cambiado todo. Sus ojos se tiñeron de negros puros y su pelo antes rubio ahora era negro. Tenía tantas ganas de matar... de destrozar... estaba cambiando... aunque no quisiese...

- Soy el que va a matar a Asrhan. Y me llamo Bencrof. - dijo con seguridad.
- Yo me llamo Ferumbras. Seremos grandes compañeros... te contaré mis secretos... serás mi soldado fiel... ven a mí...

- Veamos - dijo Murlock, Asrhan y Kiwi habían entrado a su casa y les había explicado su plan-, queréis llegar a Edron, no tenéis nada más que vuestro equipaje y necesitáis un guía.
- Más o menos. - dijo Kiwi, contento de ver a su viejo amigo. Tiempo atrás se había separado dolorosamente; el padre de Murlock había muerto y su hijo lo había heredado todo. Tenía que reemplazar a su padre difunto en el trabajo. - Bien, pues estáis de suerte por que yo no busco el dinero pero si las aventuras. Os acompañaré, pagaré vuestro viaje.
- ¿Pagar? - preguntó Asrhan.
- Sí, hijo. No se si lo sabrás pero Edron es una isla. Había que alquilar un barco.

Esa noticia desconcertó a los dos chicos. A la mañana siguiente partieron al puerto. El viaje fue corto a través de la ciudad. Las personas miraban impresionadas como un mago de aspecto poderoso, un guerrero cuya armadura brillaba de poder y su arma ardía y un duque caminaban como si nada por las calles.

El puerto era pequeño pero útil. Allí les esperaba ansioso un pequeño navío fuertemente armado. Se decía por aquellas tierras que todo el que se adentraba en el océano últimamente desaparecía. Las conjeturas hablaban de piratas y otras de criaturas marinas. Pero nadie sabía la realidad por que nadie había vuelto para contarlo.

El barco zarpó rumbo noroeste al mediodía. Asrhan tardó un día en acostumbrarse al balanceo del barco y disfrutar del viaje. El paisaje se volvió monótono tras un par de días y Asrhan empezó a odiar el agua y todo lo que hubiera en ella. Pero aunque no lo aceptase, estaba teniendo los días más tranquilos de todo su viaje. Tenía tiempo para hablar con su amigo. Conoció más a fondo al duque.

Sin verlo venir, una neblina espesa se les echó encima. Navegaban sin ojos, solo con la ayuda de una brújula. A veces casi chocaban con rocas que sobresalían de la superficie. Pasaron las horas...

Bencrof caminó durante varios días. Su viaje fue largo y penoso pero su meta daba la pena. Ante él se alzaba el nuevo reino de su señor. El imperio se alzaba desde la gran torre, que estaba situada en el centro. Alrededor se alzaba a miles de kilómetros unas sierras constituidas por volcanes en continua erupción. En el interior ni los dioses sabían que estaba maquinando. ¿Qué poderosa magia habría podido crear un muro de volcanes? Necromancia, seguro. Su antiguo amigo Asrhan siempre le decía que esa magia no tenía límites. Poderosas tormentas se alzaban alrededor del imperio.

Bencrof no quería entrar en ese lugar. Era demasiado peligroso. De pronto, a su lado apareció Ferumbras, mas poderos que nunca. ¿De donde sacaría ese poder? ¿Cuál sería su fuente de poder? No podía ser todo de un corazón.

- Hola, amigo. - digo simplemente.
- Esto ha... sido... un error. - consiguió decir Bencrof. Su lado oscuro le decía que siguiera adelante, pero su parte propia aún era fuerte y le decía que huyera.
- Veo que aún no te e convencido. Bien. Después de esta noche cambiarás de opinión...

Bencrof sintió como si perdiera el conocimiento...

Asrhan miró el techo. Estaba tumbado. Estaba amaneciendo. Lentamente, los parpados se le fueron cerrando...

Estaba en un coliseo. Era un sueño pero era real. A su lado estaba el mismísimo Ferumbras. Asrhan se lanzó contra él. Pero lo traspasó como si de un fantasma se tratase.

- No hagas estupideces. Estas aquí por algo. Solo te interesa saber que no podrás salir de este sueño hasta que yo no quiera. Solo te haré una prueba.
- Cobarde, da la cara en la realidad.-gritó furioso Asrhan.
- Sabes que morirías en el acto. Además, no me sirves muerto. Tengo un plan para ti. Un plan grandioso que demostrará tu poder escondido. Ahora solo quiero ponerte a prueba. Tendrás que matar a lo que te salga aquí. No te preocupes. Solo es una ilusión. Pero si te mata él en este sueño, morirás en la realidad.

Asrhan no pudo más. Lo odiaba. Se lanzó a por él. Una oleada de puñetazos hacia su enemigo. Sabia que no lo hería pero le hacia sentir mejor.

- Bien, que empiece el juego.-dijo con impaciencia Ferumbras.

Desapareció, y detrás de él unas puertas metálicas se alzaron dejando al descubierto la sombra de una figura. Andaba hacia él con seguridad. Cuando estuvieron bastante cerca, vio horrorizado que se trataba de Bencrof. Estaba diferente. Su pelo era negro al igual que sus ojos. Esa imagen le horrorizaba.

Pero no importaba. Aquello era una ilusión. Dentro del interior de Bencrof sonaba la voz de Ferumbras:
- Ahí lo tienes, es tu amigo. No confíes en él. Quiere terminar el trabajo, ¡quiere MATARTE! Pero Bencrof no lo creía.

Sin más preámbulos, Asrhan se lanzó contra él. Al principio Bencrof solo se defendía, asombrado. "lo ves" le decía Ferumbras. Bencrof se estaba volviendo loco, aquello era demasiado para él. Con un furioso rugido se lanzó a por su enemigo. Con su espada le lanzó estocadas a Asrhan, que sin arma huía.

De la nada apareció una espada. Asrhan pensó que era un regalo de Ferumbras. La cogió y empezó a embestir contra su amigo.

Los dos luchaban por sobrevivir, dos amigos, destinados a matarse, solo uno sobreviviría. Los sablazos buscaban sangre, la carne se rasgaba por el acero frío. Frío como la muerte.

La incertidumbre se respiraba en el aire. Asrhan dio una estocada que fue esquivada. Asrhan quedó desequilibrado y Bencrof aprovechó para lanzarle una estocada en toda la espalda. La sangre manchó la suave arena. Asrhan respiró profundamente, estaba perdido... pero tenía que sobrevivir. Cogió un puñado de arena y lo lanzó a los ojos de su enemigo. Con el poco tiempo disponible Asrhan cogió su espada y la clavó en su amigo.

Bencrof miró la espada que le atravesaba asombrado.

- ¿Cómo has podido? - Fueron sus últimas palabras.
- ¿Cómo? ¿Eres real?

Ferumbras apareció entre los dos.

-Bencrof, ¿necesitas mas pruebas?- preguntó Ferumbras con ironía.
-No. Fue la simple respuesta. - susurró Bencrof, mirando a Asrhan con un desprecio y rabia increíbles. Algo estaba despertando en él. Algo oscuro.

Bencrof desapareció.

- Tu amigo está bien. No te preocupes. Solo que ha cambiado de bando. Lo mismo deberías hacer tú.
- ¡Ahhh! Maldito seas. Te odio.-gritó Asrhan rojo de ira.
- Yo no he echo nada. Has sido tú la única causa de que Bencrof cambie de puesto. Tu también me prestarás tu servicio, lo quieras o no. Tengo el único plan perfecto. - sonrió Ferumbras.
- Lo tenías todo planeado. Desde el principio...

Todo desapareció y despertó en la penumbra. ¿Cómo podía hacer sido tan estúpido para haber echo caso a su enemigo? Y allí, acostado sobre su cama, lloró en silencio y amargamente...


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Capítulos: I, II, III, IV, V, VI, VII, VIII, IX, X, XI, XII, XIII, XIV, XV, XVI, XVII, XVIII, XIX, XX, XXI, XXII, XXIII

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