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Historia de Asrhan el Nigromante (XVIII) [ Ver más historias ]
El escarabajo olfateó el ambiente intranquilo. Tenía dos metros de altura y su cuerpo era de un azul oscuro muy brillante. Era una bestia que devoraba a los rebaños de los pastores que vivían alrededor de la ciudad Edron.
Éstos se quejaban, pero los guerreros no sabían que hacer. El escarabajo había matado ya a varios guerreros. Su caparazón era resistente a todos los golpes y sus colmillos podían devorar hasta un tronco de un árbol. Si alguna vez tenía problemas en la lucha, el escarabajo huía volando.
Estaba mirando ansioso un pequeño cervatillo, por eso no vio a tres hombres escondidos a su lado. Eran Asrhan, Bencrof y Kiwi. Juntos formaban un equipo imposible de derrotar, por eso habían sido enviados a acabar con aquella malvada criatura que hacía la vida imposible a los aldeanos.
El primero en plantarle cara fue Kiwi, el guerrero que no temía a nada y cuya cara medio quemaba indicaba que estaba forjado en el fuego de la batallas. Su espada de fuego asustó al insecto que decidió huir pero nada mas sacar las alas unas llamaradas incendiaron sus alas. Del escondite salió Bencrof, cuyos ojos se tornaban de negro cuando hacía magia.
Con un poderoso ataque lanzó hacia atrás a su agresor, Bencrof. Kiwi aprovechó el despiste de su enemigo para rebanarle una pata. La espada fundió el caparazón y la pata del insecto calló pesadamente. Herido el insecto produjo un extraño aullido agudo y embistió contra Kiwi. Pero entre ellos se impuso Asrhan. Un mago cuyo pelo rojo indicaba su extraño poder, sus ojos rojos indicaban su lado asesino, la mirada de la muerte. Con una rápida agilidad le lanzó una runa, en cuyo torso se dibujaba una calavera, que impactó contra el animal. Cuando el insecto llegó a los pies de Asrhan ya había muerto...
Asrhan nunca se había sentido tan bien. Todos sus problemas parecían solucionados. Parecía muy lejana la guerra inminente.
Esos días transcurrieron tranquilos. Parecía la calma que precede al caos. Ese día Asrhan pensó sobre un tema. El era el único que podía derrotar a Ferumbras o al Rey tibiano. La profecía así lo decía. ¿Y si se plantaba ante él y lo derrotaba antes de que se sucediera la guerra? Así evitaría miles de muertos. Eras demasiado simple, demasiado sencillo para ser verdad.
Esa misma noche partieron Magic Kiwi, Bencrof y Asrhan en busca del destino convencido de que volverían con la buena noticia de la paz...
Pero se encontraron con una extensa playa que los separaba de su camino. Todos se quedaron boquiabiertos. Se habían olvidado del mar que los aislaban. Pero tal fue su suerte que vieron a Murlock, el mismo que los habían traído allí en su barco, pasaba por allí.
Estaba muy exasperado, gotas de sudor caían de su cabeza. Cuando vio asomar al grupo de amigos pareció sonreír. Corriendo se acercó a ellos. Sin dar tiempo a hablar a Asrhan, Murlock se puso a hablar muy rápido y ajetreado.
- Ayuda, necesito ayuda. Mis hombres están prisioneros.
- Mmmmm, ¿Qué pasó?- preguntó Kiwi.
- Fuimos a explorar una cueva que descubrimos. Ellos desaparecieron en la oscuridad y yo conseguí escapar de milagro. ¿Tenéis algo que hacer? Podríais ayudarme.
- Jajaja, tus ansias de explorar territorios algún día te matarán - exclamó Kiwi. - tienes suerte. Tenemos que cruzar el mar, y no podemos sin tu ayuda. Así que rescataremos a tus hombres e iremos en tu barco hacia Venore.
La cueva era bastante ancha. Esa cueva era la misma que la que el escarabajo gigantesco vivía antes de morir. La oscuridad no dejaba ver nada. Y llegaron al final a una sala circular. Las columnas de estalactitas apuntaban hacia ellos peligrosamente. En el centro se encontraban los hombres del duque Murlock.
Estaban atados y llenos de moratones. Delante de ellos había un mortífero minotauro mago. Las serpientes se enroscaban entre su cuerpo. Su lengua bífida siseaba. Con una mirada de odio les lanzó una plaga de ellas.
-Vosotros matasteis a mi siervo, el escarabajo. Ahora yo os mataré a vosotros. –siseó mientras de su cuerpo salían mas y mas serpientes. Sin miedo, el mismísimo duque Murlock saltó sobre ellas, cortando cuerpos escamosos con su espada.
- Algún día esa valentía le matará. - comentó Magic Kiwi.
- No, viejo amigo. Esta valentía me a echo rico durante años. - gritó de entusiasmo. Pero aún así las serpientes le superaban en número. Eran mil contra uno. Quietas observaron al gigantesco humano que las retaba. Si se lanzaban todas a la vez, lo matarían con que solo una de ellas le mordiera. Así fue, todas a la vez se abalanzaron. Murlock consiguió matar a la mayoría, pero muchas consiguieron morder en su carne.
Mientras Asrhan, Kiwi y Bencrof luchaban contra su oponente. El minotauro usaba sus sucias trampas contra ellos. Lanzaba serpientes a diestro y siniestro. Con un rápido movimiento, un rayo salió disparado de la mano del minotauro y partió una estalactita que calló hacia Bencrof. Justo cuando el filo puntiagudo iba a clavarse en la carne, Kiwi lo apartó y se cubrió con su escudo.
La estalactita se izo añicos pero al escudo no le sucedió nada. Asrhan lanzó una llamarada con su bastón al hechicero maligno. Un torrente de serpientes se interpuso ante el fuego y pararon su trayectoria. Se habían sacrificado por su señor. Mientras el se dedicaba a lanzar rayos hacia las estalactitas que caían buscando sangre. Estaba tan absorto que no vio como Asrhan le lanzaba uno de sus rayos hacia una estalactita.
Ésta calló y atravesó limpiamente al minotauro. Las serpientes sisearon furiosas y huyeron de la cueva.
Murlock tropezó. El veneno estaba acabando con él. Su cuerpo se convulsionaba. Kiwi lo cogió antes de que cayera al suelo. Los hombres de Murlock lloraban por su jefe, que tan fiel les había sido.
Bencrof se acercó a él. La curación era la especialidad de los druidas. Puso su mano sobre el pecho de Murlock y pronunció unas palabras mágicas: "exana pox". Murlock dejó de convulsionarse. Todo volvió a la normalidad.
- Por poco. - susurró Kiwi con un nudo en la boca.
- Vienen a por ti. - dijo Apocalipsis.- ¿No tienes miedo?
- Me asombra esa pregunta. Jamás he temido a nadie. He estado más cerca de la muerte que nadie. - dijo Ferumbras - Y he visto lo que hay al otro lado.
- Pero él puede derrotarte. Se cumplirá la profecía. Te matará y elegirá con ello el bando del bien. Él esta decidido. Tu fin esta cerca.
Apocalipsis miraba a Ferumbras con interés. Sabía que tenía un plan maestro, pero no sería capaz de romper una profecía. Asrhan tenía que matar a uno de los dos; o al rey Tibiano, o a Ferumbras. Y parecía seguro quién iba a matar.
- Seguramente... - contestó a Ferumbras a lo referente a su fin. Pero su sonrisa tenía un tono enigmático.
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