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Historia de Asrhan el Nigromante (XXII) [ Ver más historias ]
Silencio. La noche reinaba el lugar. Nadie decía nada. Todos callaban y miraban como dos volcanes se iban separando poco a poco...
Lyra no estaba dispuesta a esperar sin hacer nada. Así que cogió a sus mejores hombres, fuertes guerreros con nombres bastante conocidos entre los diferentes poblados cercanos, así como algunos miembros de la alta aristocracia o de casas nobles, gente en la que confiaba por su valentía. Y los guió por un sendero...
Mientras los volcanes se separaron del todo y dejaron al descubierto las tierras del mal... todos contuvieron el aliento.
De la oscuridad salieron sus siervos. Miles de monstruos salieron a la vez siguiendo seguidos por otros miles. El rey Raziel no sabía como iba a ganar aquella guerra. Era solo un niño. No estaba preparado.
Con un fuerte estruendo, ejército del bien y el mal se fundieron. Miedo y desesperación. Mientras el ejército del mal iba ganando terrero, Lyra salió de su escondite acompañada de sus mejores hombres y atacó al ejército por la espalda. Aquel ataque sorprendió al enemigo y los debilitó. E aquí la hazaña de Lyra y sus hombres que cruzaron el ejercito del mal hasta llegar a su aliados. Sus hombres llenos de sangre se les unieron a sus aliados.
Y entonces comenzó a llover. Pero ninguna gota consiguió caer en Apocalipsis, que miraba con ansias al pequeño rey. "Eres mío" pensó.
Un gran orco se le acercó y alzó su espada... Raziel estaba perdido, pero una luz le iluminó y le guió. Esquivó el ataque y lanzó una estocada. El cuerpo del orco calló inerte. Era su segundo asesinato. Todo aquello le atormentaba y le daba repugnancia. Pero no pudo pensar más ya que el gran Apocalipsis se impuso ante él.
El fuego lo cubría por su furia. Una furia sin razón, pensó Raziel ya que él no le había echo nada. Habían sido puestos en bandos diferentes y solo por eso tenían que combatir.
De un zarpazo mató a un hombre que luchaba junto a Raziel. Aquello ya era personal pensó el rey. Alzó su espada y tentó al demonio a combatir. Este acepto de buena gana. Espada y zarpas chocaron en el aire. Todo el mundo se alegó de ellos dos. Eran seres más poderosos y podían salir heridos.
Apocalipsis lanzó una poderosa llamarada al rey que éste esquivó a la velocidad de la luz. Ese era unos de los poderes del rey. La luz era su elemento. Y fue esta la que utilizó para cegar a su enemigo. Sin perder tiempo Raziel intentó clavar la espada, pero se fundió al tocar el cuerpo de su enemigo. Poco a poco, Apocalipsis fue recuperando la vista y lanzó al rey contra una roca.
Su vista se iba volviendo borrosa. Estaba perdiendo el conocimiento, pero no podía...sabía que si perdía el conocimiento nunca mas despertaría. Así que se levantó y clavó sus manos en la piel de Apocalipsis. Gritando hizo su poder de crear una luz, una luz limpia y pura que se introdujo en el demonio e hizo que toda la oscuridad saliese. El gran Apocalipsis calló muerto. Sus entrañas eran pura oscuridad y sin ella no era nada. Una gran victoria en aquella guerra. Raziel miró a su alrededor. Agua y sangre corría por riachuelos. Los muertos sembraban la tierra. Monstruos y humanos, todos aterrorizados por la crueldad de aquella guerra. Vio como el ejercito del mal iba ganando terreno, los Warlords barrían a docenas de personas... vio como Lyra se hundía con su guerreros en el ejercito valientemente... la guerra estaba siendo ganada por el ejercito del mal.
"Estamos perdidos" fue el último pensamiento de Raziel antes de desmayarse.
Ferumbras terminó su conjuro. La puerta ya brillaba intensamente. El conjuro había terminado. Asrhan seguía sin saber que había al otro lado. En la sala entraron dos Warlords, con ellos traían a Kiwi, Bencrof y Murlock. Asrhan miró a sus amigos. Estaban heridos, moribundos. Y allí estaba el atado e impotente sin poder hacer nada. Mientras su enemigo se regodeaba de su victoria. Miles de kilómetros de allí el ejercito del bien estaba perdiendo la guerra... el mundo estaba perdido.
Nada podía hacer ya.
-Te equivocas.- dijo Ferumbras como si hubiese leído en su mirada lo que había pensado- esto no acaba más que empezar. E dado la orden a los Warlods de que matan a tus amigos dentro de sesenta segundos. Tu decides si salvarlos o si no. No podrás salvarlos si no recibes el poder que te dará esta puerta. Ellos dos son más poderosos. Tú decides. Así de simple.
Las cadenas mágicas desaparecieron. Era una trampa y Asrhan lo sabía. Sentía el poder de los espíritus en la puerta. Pero había algo raro. ¿Por qué quería Ferumbras que tocara aquella puerta? ¿Sería aquella la fuente de poder de Ferumbras?
Los segundos pasaron... Kiwi lo miraba, no podía hablarle debidos a sus heridas pero una sola mirada le valía para decirle que no lo hiciera. Vio las caras ensangrentadas de su amigos... no podía dejar que eso pasara.
Sin pensárselo más tocó la puerta...
Ferumbras cantó victoria. Aquella era la puerta del infierno. Una puerta que solo su poder podía abrir. Todas las almas poderosas y malignas estaban al otro lado de la puerta. Y ahora se meterían en Asrhan que a su vez su índice de oscuridad había aumentado. La oscuridad que habitaba en Asrhan potenciado con el poder oscuro de los espíritus le harían la persona mas poderosa de todo el mundo sí, pero también oscura. La balanza se había roto. Asrhan había elegido. Ahora le tocaba al bando contrario huir o morir.
Asrhan estuvo largo tiempo convulsionándose. Solo su cuerpo aguantaría tal poder. Tras un breve momento, Asrhan paró su convulsión. Su alma había podido aguantar tal cantidad de espíritus, éstos ahora lo controlaban. Pero aún estaba allí el alma de Asrhan, todavía podía controlar un poco su cuerpo, y lo que más quería era matar a los agresores de sus amigos, que de un solo movimiento desintegró a los Warlords. Y luego se dirigió a Ferumbras. Aquel ser que le había echo tanto daño, aquel ser que odiaba tanto, el único ser que ahora se lo podía comparar con él. No podía dejar que viviera.
Ferumbras se dio cuenta de este detalle y por una vez tuvo miedo. No iba a dejar que su creación le matara. Fue todo muy rápido. Ferumbras hizo uno de sus mejores conjuros: Exevo gran mas vis.
Todo explotó. Y cuando la humareda de escombros se dispersó dejó al descubierto la torre medio destruida y Ferumbras levitando en ella. Una pena que hubiera tenido que matar a Asrhan, le podría haber sido muy útil.
Pero Asrhan no había muerto. Había aterrizado en medio de la guerra, junto con sus amigos agarrados. Todos se quedaron mirándole asombrados de su poder. Asrhan miró su cuerpo, tenía un aura dorada y poderosa. Los espíritus habían fallado en su labor de controlarle. La oscuridad de su interior no había sido tan poderosa como para controlarle y hacerle elegir el bando del mal. Asrhan miró al ejército del mal. Era más poderoso y estaba ganando la guerra. No podía dejar que aquello ocurriera. Pero tampoco podía matarlos, ya que los espíritus se introducirían en su interior y lo controlarían al fin. Así que tomo una decisión. Canalizó su energía y todos los enemigos desaparecieron. Todos miraron a su salvador, alegres y contentos.
Él era el único que sabía que no los había derrotado. Solo los había transportado a un lugar recóndito bajo tierra. Tardarían en reorganizarse varios años y salir a superficie. Pero ahora lo primordial era quitárselos de encima sin matarlos. Luego se lo contaría esto al rey. Buscó al rey y lo encontró inconsciente sobre el cuerpo de Apocalipsis. Todos vieron como su gran rey había derrotado a una criatura mítica.
Todos gritaron de alegría y eufóricamente. Pero todavía no había terminado. Todavía era de noche. Todavía podía cambiar el elegido de bando. Y a Ferumbras todavía le quedaba un as debajo de la manga. Por eso se plantó delante de Asrhan, ignorando todo un ejército detrás de él...
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