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Historia de Asrhan el Nigromante (III) [ Ver más historias ]
Caminaron sin interrupciones durante varias jornadas. Había bandidos que les acechaban pero al ver la vestimenta guerrera de los viajantes los dejaban en paz. Los días eran tranquilos, sin embargo al empezar la noche todo cambiaba. Hacían turnos de noches mientras uno dormía el otro vigilaba alerta.
Esa noche le tocaba el turno a Asrhan. Parecía una noche sin incidentes cuando... se oyó un ladrido lejos. Asrhan sacó inmediatamente su espada y despertó a Bencrof. En la noche vieron horrorizados como les iban rodeando una manada de lobos. No se veían, solo sus ojos amarillos brillaban en la noche. De la oscuridad salto un lobo mas grande que los demás, a la luz del fuego parecía una criatura majestuosa, echa para matar, sus colmillos le sobresalían de la boca y en ellos todavía había restos de sangre. Con un rugido la manada se balanceo sobre ellos a la vez.
Fue entonces cuando una luz iluminó todo el lugar, los animales espantados huyeron a la oscuridad donde se sentían seguros. Esa luz provenía del conjuro realizado por Asrhan que alzaba su mano. "Bencrof, recógelo todo, no aguantaré mucho esta luz, se me acaba la magia..." susurró Asrhan. Bencrof no se lo pensó y lo recogió todo rápidamente. Asrhan ya no pudo más y dejó que el conjuro se desvaneciera...
Echaron a correr, los lobos ladraban tras ellos, algunas veces los alcanzaban y tenían que hacer el conjuro de luz para espantarlos. Estaban cerca de la aldea llamada Ab'Dendriel, si aguantaban un poco más podrían llegar.
Corrieron durante varias horas, la magia se les acababa y estaban rendidos, al final, cuando ya se veían las luces de Ab’Dendriel cayeron exhaustos al suelo. Asrhan entonces se dio cuenta de un detalle: los lobos llevaban rato sin ladrar, sin perseguirlos. ¿Por que?
Asrhan sonrió para sí, por fin un poco de suerte. Y notó como se le iba el conocimiento. Al caer sobre la hierba del suelo junto con Bencrof pudo ver una pierna verde con pezuñas... ....estamos perdidos......
Despertó en una jaula. Estaba echa con huesos, a su lado había una gran fogata con un caldero, y a su alrededor estaba lleno de orcos. Los orcos eran verdes con grandes colmillos que les sobresalían de la boca y curvados. Sus manos sostenían uñas afiladas y sus pies tenían pezuñas. Estaban armados con rudimentarias armas echas con huesos o robadas de sus presas.
Asrhan comprendió su situación. Estaban en el castillo de los orcos. La peor fortaleza para un humano, a no ser que fuera suicida. Bencrof tenía una herida horrible en la cabeza y Asrhan se la curó. Seguramente se abría resistido en la captura. Esa era unas cosas en las que Bencrof y Asrhan habían mejorado más: en la curación de toda clase de heridas.
Había una orca anciana que se dedicaba a echar cosas en el caldero: huesos, raíces... a su lado el jefe de la tribu orca se impacientaba por comer. Miraba a Asrhan y a Bencrof y sacaba su larga lengua para relamerse. De vez en cuando producía ruidos guturales, escupía y demás.
- Comámoslos crudos - rugía el orco impaciente. De pronto la puerta de la cueva se abrió y entraron un grupo igual de numeroso de minotauros. Eran seres asquerosos, sin pelo en la piel salvo por las largas melenas de la cabeza, sus cuernos largos y puntiagudos asustarían asta el mas noble guerrero, sus pies terminaban es gigantescos cascos de caballo capaces de aplastar a un oso de una fuerte pisada, y de sus bocas no paraba de salir una baba verde y burbujeante.
- Vaya, vaya, desde cuando no se comparte a las presas, habéis roto el pacto para vencer a los elfos - dijo el minotauro jefe con una voz amenazadora.
- No os necesitamos - rugió el orco sacando su espada oxidada pero letal.
- Que así sea - dijo el minotauro que pilló velocidad y atravesó con sus cuernos a varios orcos a la vez. El jefe orco tampoco tardo muchos en no parar de cortar cabezas de minotauros. Todo era un caos y nadie vio como Asrhan con Bencrof a cuestas huía del lugar.
Alcanzó la puerta de salida, después había un largo pasillo rocoso. Pero eso no fue lo que asustó a Asrhan sino ver como el pasillo estaba lleno de orcos y minotauros que iban a ver lo que pasaba en la sala. A Asrhan se le paralizó el tiempo, los ojos se le volvieron rojos durante un instante, alzó sus manos contra los minotauros y orcos que iban a por el y pronunció unas palabras misteriosas: Exevo flam hur. Una columna de fuego salió disparada que arrasó con todo lo que había en el pasillo. Asrhan siguió corriendo, la luz se veía a lo lejos. Casi saboreo la victoria cuando una patada en las espaldas le izo caer con el cuerpo de Bencrof. Por unos momentos se quedó sin respiración. Allí estaba el minotauro jefe, tenía una espada atravesada pero eso no parecía importarle.
Con un impresionante gorgoteo alzó sus cascos contra Asrhan que lo esquivó a duras penas y la piedra que estaba en su lugar se destrozó en mil pedazos. El minotauro lo cogió de la cintura con facilidad y lo alzó. El hedor que se desprendía de su boca era insoportable. De su boca empezó a salir sangre y dejó caer a Asrhan. La espada que le atravesaba ya no estaba en su cuerpo, si no en las manos del orco líder. Con un sablazo le arranco la cabeza. Luego se fijó en Asrhan. Se acercó a él, este sin pensárselo le hincó el cuchillo en la pierna, pero no pareció importarle. El orco alzo su espada, y se la hincó en el pecho. Asrhan se tumbó en el suelo, donde un charco de sangre lo rodeaba. Demasiada sangre se derramó aquella noche.
No iba a dejar que su agresor lo matara sin más. Con un esfuerzo sobrehumano se levantó y alzó la espada de un orco muerto. El orco sonrió, una sonrisa malévola y escalofriante. Chocaron las espadas, chispas iluminaron el lugar, el cuerpo de Asrhan vibró y se tambaleó. El orco le dio otro sablazo en la cara, Asrhan no podía ver, estaba moribundo, imágenes borrosas por todas partes, vio una mano alzándose. Con decisión alzo su espada y segó esa mano que tanto odiaba. El orco rugió de dolor, Asrhan le hincó la espada en la cara.
Gané. Se quedó apoyado en su espada mientras la sangre le cubría todo su cuerpo. Sus heridas lo estaban matando. Los orcos y minotauros lo miraban. Alzaron sus espadas...
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