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Historia de Asrhan el Nigromante (IV) [ Ver más historias ]
Asrhan miró a los ojos de los orcos. No habían en ellos expresión de odió ni venganza sino de respeto e incluso miedo. Él había matado al que había sido por unos años el jefe de los orcos, y el jefe era siempre el más fuerte de la tribu. Si alguno quería ser el jefe solo tenía que matar al jefe en un combate y demostrar que era más fuerte.
El orco mas próximo alzó su arco, acabaría con la agonía de Asrhan para ahorrarle dolor innecesario. Asrhan no quería morir pero no era capaz de vocalizar palabra alguna. Miró hacia abajo, se oyó un siseo en el aire...
Se atrevió a mirar por el rabillo del ojo, allí estaba el orco del arco con una flecha en la cabeza, esa flecha era blanca echa con plumas de un ave azul. De pronto miles de flechas como esa surcaron el cielo en busca de presas. Miedo y desconcierto. Las flechas buscaban apagar su fuego de muerte con sangre. Poco a poco fueron cayendo asta que no quedó ninguno.
Miró a su alrededor, con sorprendente agilidad fueron apareciendo elfos. Eran personas de piel muy blanca, orejas alargadas y ojos afilados, su belleza era extraordinaria. Uno de ellos se acercó a él, pronunció las palabras curativas; Exura Vita. Y de un golpe en seco lo desmayó.
. . .
Estaba en una cama, la casa donde estaba, estaba echa con árboles bellos que crecían juntos y con formas llamativas. Estaba en Ab'Dendriel. La ciudad protegida por elfos. Allí pasó unos días, por la ciudad se extendió la voz de que había matado al jefe orco que tanto ansiaban matar la orden guerrera protectora de las ciudades. Eso le convertía en héroe.
Le ofrecieron asilo en esa ciudad siempre que quisiera, le dieron de comer y una armadura plateada bastante resistente que parecía de plata. El equipo que llevaba anteriormente lo vendió y consiguió dinero para comprase un bastón de principiante. Era de una madera azul muy rara, en su extremo alto tenía una preciosa gema. Aquel bastón poseía el poder de la electricidad. Asrhan aprendería a controlar su poder con un poco de práctica.
En su segundo día de descanso se dio cuenta de un detalle; no recordaba nada de lo que le había pasado anteriormente. Fue rápidamente a ver al elfo que lo había atendido desde que había llegado, se llamaba Clyar.
- Clyar, ¿Qué demonios me pasa? No recuerdo nada de lo que me pasó hace días.
- Te borré la memoria con una poción, pensé que la guerra había sido horrorosa y que estarías así mas tranquilo.
Por alguna razón, Asrhan no estaba tranquilo. Tenía la sensación de que faltaba algo...
Y lo descubrió cuando se vio su imagen reflejada en un charco de agua. Se vio su cara, y vio también una larga cicatriz que le cruzaba la cara desde un poco por encima de su ojo izquierdo asta el lado inferior del lado derecho. Afortunadamente al ojo no le había pasado nada.
Entonces lo recordó todo. Imágenes borrosas se proyectaron ante asrhan. Y descubrió a su pesar lo que andaba buscando: Bencrof. Pregunto a todos los soldados que habían ido a la batalla pero todos le decían lo mismo: no había habido más supervivientes humanos que él, todos los orcos se amontonaron y se quemaron. Una fuerte tribu de orcos había sido exterminada, pero aún estaba el mundo lleno de esos horribles monstruos.
Sin embargo, pese a todas las lógicas ideas, Asrhan sabía que su amigo estaba vivo. En su interior sentía palpitar la vida de su amigo. Esa noche juró encontrar a su amigo.
Sin despedirse de nadie preparo una bolsa con comida y agua, cogió su equipo y su pastón, y para no llamar la atención, se puso su túnica de mago encima.
Anduvo por Ab’Dendriel, la ciudad mas tranquila. A la luz de la luna los árboles proyectaban bonitas siluetas en los lugares. Todo tenía un brillo plateado. De pronto una voz lo llamó. Una voz vieja y savia. Sin poder evitarlo echo a correr en dirección a la voz, atravesó malezas y rocas. Al final la voz volvió a hablarle.
"¿Seguro que quieres venir?"
"Claro", contestó Asrhan. Aquella voz le inspiraba lo que mas deseaba en el mundo: respuestas.
Asrhan volvió en sí. Se dio cuenta de que estaba en un cementerio. Algo le inquietaba. Las viejas historias decían que los elfos eran seres muy mágicos y que, hasta después de muertos sus cuerpos tenían algo de magia, lo que les hacía volver a la vida.
Un brazo agarró a Asrhan. Éste sin pensárselo le tiró una descarga eléctrica que izo que saltara en mil pedazos. El bastón humeó un rato. Le habían tendido una trampa. Pero Asrhan no temía a los espíritus, la necromancia consistía en utilizarlos. Se puso a repartir bolas eléctricas a diestro y siniestro. La magia brotaba de las manos de Asrhan hacia el bastón. Los esqueletos iban cayendo. Le hicieron varios rasguños pero nada más. Asta que de una tumba reciente salio un zombi. Era un elfo muerto, su piel estaba tomando un tono azulado a la vez que se iba recubriendo de moho. Asrhan le tiró varias cargas, pero el zombi tras retorcerse un poco volvía a la carga.
Por fin llegó asta el y lo cogió del cuello. Asrhan sintió su olor a podrido y el espíritu que dominaba el cuerpo. Con un esfuerzo consiguió meterle es bastón en la boca y realizó el conjuro de luz que se introdujo en el cuerpo y expulsó el espíritu. El cuerpo calló inerte en el suelo y no se movió más. Los esqueletos habían desaparecido.
La voz del hombre volvió a aparecer. Era una risa de alegría.
"Los oráculos tenían razón. El elegido ha vuelto."
Asrhan no lo entendía y gritó furioso "¡MUÉSTRATE, COBARDE!
[ Ir al siguiente capítulo ]Capítulos: I, II, III, IV, V, VI, VII, VIII, IX, X, XI, XII, XIII, XIV, XV, XVI, XVII, XVIII, XIX, XX, XXI, XXII, XXIII
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