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7 de septiembre de 2008.



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Historia de Asrhan el Nigromante (V)
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-No deberías haber dicho "cobarde"- dijo la voz-, yo luché en primera fila en guerras horribles de las que nadie ha oído hablar. Hay muchas cosas que el mundo no sabe, cosas terribles. Y yo tengo la carga del conocimiento y de la inmortalidad.

Lo dijo con mucho pesar. Una profunda agonía. ¿Por qué sufría? Según le había dicho era inmortal: el sueño humano. Pero estaba madurando y se calló la pregunta. Aquello era íntimo.

- Para que lo sepas, soy el gran conocedor del mundo. He vivido desde tiempos inmemoriales. Las criaturas ya no me atacan sino que me obedecen. Esos esqueletos te los mandé yo, para ponerte a prueba. He visto que eres el chico de la profecía. Y e venido para acompañarte en tu largo camino y enseñarte. Guiarte en el último de los casos.

Asrhan se contuvo, pero no pudo más. Y estalló en un mar de preguntas hacía el anciano. Desde cual era su nombre asta que era aquella profecía.

- Sólo te contestaré a una: no tengo nombre. El paso de los años ha hecho que olvidara mi nombre. A lo demás te lo iré mostrando con el tiempo.

Los días pasaron, y con ellos el avance del viaje. Iban a Thais, para ver si allí alguien había visto a Bencrof. El camino constaba en una llanura con arbustos y poca vegetación. Los conejos corrían libremente por el sendero. Lo más peligroso que se encontraron fue un oso, lo cual no fue ninguna prueba para Asrhan. Esa situación también había valido para conocer la técnica de combate del anciano, que se movía ágil como un elfo y certero. Se defendía con una vara de madera corriente, no necesitaba más.

El anciano le enseñaba conjuros desconocidos para el chico, le enseñó a hacer runas: piedras que guardaban el poder de un conjuro de un mago para utilizarla en una situación difícil. Le enseñó a pensar mas intensamente. A apreciar todas las formas de vida.

Una noche, Asrhan observó al anciano dormir. No dormía, sino que estaba despierto mientras su cuerpo reposaba. Cogió una piedra y la lanzó contra un árbol lejano. Inmediatamente el anciano se puso de piel de un brinco y observó en la oscuridad.

- ¿De qué temes? Le preguntó.
- De nada. Dios, me encuentro en una situación difícil. No se que hacer. Y no me pasaba desde hace miles de años.
- Cuéntamelo todo. Y te ayudaré a decidirlo.
- Es posible que no estemos a salvo. Podemos morir en cualquier momento. Lo que te voy a decir es para que estés alerta. No te preocupes por mí en cualquier momento. En fin, te lo contaré. Hay una persona que quiere matarte. Sabes que existes gracias a mí.
- ¿Cómo? ¿Me as traicionado? Por que me quiere matar.
- Jamás te traicionaría de forma voluntaria. La persona que te quiere muerto esta conectado a mí en cierta forma. Sabe todo lo que yo sé. Tenemos un lazo muy profundo. Te quiere matar... para que no se cumpla la profecía.
- ¿Qué dice esa profecía?
El anciano se lo pensó un largo tiempo pero luego asintió
- Bien. Dice así: El hijo del líder del mal, de quién por el mal será tentado, deberá decidir en que lado está, bien o mal, paz o guerra, alegría o caos, y sólo él podrá matar a los dos líderes de ambos bandos. El rey Bibiano, o... FERUMBRAS.

- Espera un momento. ¿Ferumbras? ¿Y soy hijo de quién?

El pasado de Asrhan para él era un misterio. Había sido criado por una campesina solitaria.

- Ferumbras, el mago mas poderoso de todos. Nadie sabe su verdadero nombre. Nadie sabe de donde saca su infinito poder. Han caído tres reinos ya. La gente cuenta que los derrota solo. Nadie sabe donde reside. Pero ya ha declarado la guerra al rey Bibiano.


- Mátalo. Tú eres inmortal.
- Mis poderes no bastarán para enfrentarme a él. El tiene poderes inimaginables. Podrá matarme. Solo puedes rebelarte tú. Por ahora mi misión es enseñarte. Pero mi labor aquí ha terminado. Ten fe en ti. Eres el elegido. Y no se hable más.

- Intenta matarlo. O por lo menos ayúdame. No puedo hacerlo solo.
- No pidas que mate a mi hijo. Eso no.

Y ya no hablo más.

A la mañana siguiente siguieron el camino. El anciano lo guiaría hacia Thais. Aquellos parajes eran un misterio para Asrhan.

Ahora con su mochila llena de runas de defensa y ataque se sentía mucho mas seguro. Pero eso no duró mucho pues una mano diestra se la robó. Miró hacia su alrededor. Por los árboles se movía una sombra sinuosa.

De pronto, de todas las cimas de los árboles aparecieron arqueros que les apuntaron.

-como veis. Estáis rodeados. Un movimiento brusco y estáis muertos. Seremos breves. Queremos vuestras pertenencias y nos vamos.

Asrhan no se lo pensó. De su bolsillo sacó una runa especial de color rojizo. La estampó contra el suelo y explotó contra los árboles haciendo que ardieran en llamas. Los arqueros sorprendidos saltaron de los árboles para librarse de una muerte terrible.

Asrhan siguió con su tiroteo de runas. Con solo mirar a la persona que quisiera y desear defenderse la runa salía disparada a por él. Tiró una runa verde que poseía el poder del veneno. Al principio era uno solo el que se ahogaba y moría pero al final se les unieron todos ya que se lo transmitían unos a otros. Almas perdidas, muertos innecesarios, peleas inútiles...

Asrhan estuvo alerta durante un rato. Cogió su mochila. Todos habían huido o muerto, pero sentía una presencia. Era diferente a las otras, era femenina. De entre los arbustos, una persona se le tiró, derribándolo, se revolcaron por el suelo.

Al final se separaron, y se miraron. Ella era una chica bastante atractiva, de ojos azules y misteriosos iguales que los de Asrhan, la mirada afilada y una sonrisa divertida. Asrhan no dio tiempo a contemplaciones y la paralizó.

- Mátala. Le dijo el anciano.

Asrhan se preparó para hacer un hechizo que la mataría en el apto. Pero no pudo realizarlo.

- Lo suponía. No puedes. Es una chica. Resopló el anciano y luego se rió.

Pero su risa quedó ahogada por otra risa aún más fuerte y grave. Les puso a todos la piel de gallina...


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Capítulos: I, II, III, IV, V, VI, VII, VIII, IX, X, XI, XII, XIII, XIV, XV, XVI, XVII, XVIII, XIX, XX, XXI, XXII, XXIII

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