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Historia de Asrhan el Nigromante (IX) [ Ver más historias ]
Ferumbras miró el horizonte aburrido. Desde su torre de metales provenientes de lava fundida todo se veía diminuto. Era lo único que tenía, había modelado lava fundida de un volcán en erupción con magia. Tras su plan, pronto tendría todo un reino. Tras unos segundos de silencio, un orco deformado entró al balcón.
- Señor, Thais ha caído. Pero los habitantes han conseguido escapar. Tenían ayuda, un mago les ayudó.
- Maldito bastardo. Me las pagarás Asrhan. Te pondré a prueba y si consigues sobrevivir te ofreceré un consejo de sangre. Dijo sonriendo para sí.
Vio que el orco seguía allí esperando órdenes de retirada. Le vino bien que aún estuviera.
- Ve abajo y mata a los guardias de las puertas, esos que son hermanos. Son unos traidores y los e descubierto.
- Que así sea.
Asrhan se quedó un momento dubitativo. No sabía en que dirección ir. Estaba perdido. Solo veía largas llanuras con arbustos a todos lados. Con una ligera mirada a su alrededor decidió ir hacia el sureste, sin saber que eso lo desviaba de su rumbo. No sabía nada de Edron, ni de su situación. Había imaginado que la gente lo guiaría, pero en ese caso no había gente.
Anduvo sin descanso, pero sin poder remediarlo se fue desviando hacia los sitios donde mas abundantes era la vegetación. Eso lo llevó sin saberlo hacia un sitio donde los árboles cada vez eran más grandes. Sus raíces se elevaban del suelo varios metros. Y entre las ramas había redes de telarañas gigantescas. No le importó demasiado, no le gustaban las arañas pero tampoco le asustaban. Pero por seguridad fue bordeando el bosque. Una noche sin embargo, decidió dormir en las orillas.
El sueño no se adueño de él y sin embargo se durmió. Soñó rápidos sueños extraños. Pero finalmente todos desembocaron en uno más claro y real. Él estaba arrodillado en el sueño, sangrando y en su corazón una espada clavada. Ferumbras estaba a su lado riendo y mirándolo con desprecio.
- Eso te pasa por entreponerte en mis asuntos. No creas que es una ilusión, esto pasará si vuelves a verme la cara, y tú lo sabes. Te doy un ultimátum: desparece o muere. Te enviaré una señal de mi poder. Solo quiero que te quedes con una imagen.
Le señaló en su capa un símbolo de un corazón ardiendo. Era el símbolo que Ferumbras utilizaría para que todos le conociesen. Y de pronto se despertó en la noche chillando desesperado.
Miró en la oscuridad y lentamente los ojos se acostumbraron a la oscuridad de la noche. Los árboles se movían y crujían incómodos por el nuevo huésped que les había despertado de su sueño eterno. Parecía que el bosque entero viviese. Pero también, a su pesar, despertó a las criaturas que lo habitaban. Sus ojos cada vez veían más en la oscuridad. Pero no le gustó lo que vio. En las telarañas había presas medio comidas. Eso no era lo malo, sino ver que las presas eran orcos, minotauros...
A Asrhan le asustó pensar que si las arañas de ese lugar fuesen tan grandes como sus árboles, que eran descomunales.
Pronto salió a la luz de la luna una poderosa araña gigantesca que clavaba sus poderosas zarpas en el suelo. Medía tres metros según calculó Asrhan y de sus pinzas chorreaba veneno. Rápidamente corría sobre sus ocho patas, andando para atrapar a su presa y lanzándole pequeñas redes de telaraña que detenían a su presa. Pasó por encima de Asrhan pisándole un tobillo con sus puntiagudas patas. Sin poder evitarlo, Asrhan chilló de dolor. Y se dispuso a darle otro picotazo mortal.
Pero Asrhan ya no estaba allí, había recogido las cosas y se había marchado cojeando. Pero sin vacilación, la araña, se deslizo entre los árboles en dirección Asrhan. Éste tras pararse en un recodo, se curó su herida y siguió corriendo. La araña le ganaba terreno sin poder evitarlo.
Con un suspiro de resignación Asrhan se media vuelta para mirar a su enemigo. Era inútil huir. Alzó su bastón y disparó una descarga eléctrica que impactó contra los ojos de la araña que retrocedió.
La araña volvió a la carga rápidamente, intentando clavar sus poderosas pinzas contra Asrhan, escupiéndole veneno que disolvería hasta el más puro de los metales y lanzando mordeduras al aire. Asrhan no paraba de lanzarle descargas por todos sus lados, sin parar de moverse, andando con seguridad. Finalmente consiguió clavar su daga en el costado de la criatura que produjo un agudo sonido parecido al dolor. La herida que le había producido Asrhan había roto la bolsa interior donde contenía el veneno y ahora se estaba extendiendo por todo su cuerpo matándola.
Para horror de Asrhan vio como el cuerpo de la criatura se inflaba lentamente. Estaba a punto de explotar. Se escabulló detrás de un árbol justo cuando la araña explotaba soltando ácidos que disolvieron los troncos cercanos.
- Pff... Fueron sus únicas palabras. Cada vez odiaba más a Ferumbras. Lo sacaba de sus casillas. Era como si estuviesen destinados a matarse mutuamente.
Echando una rápida mirada a su alrededor vio que estaba en la entrada de una especie de catedral destruida. Parecía que estaba abandonada, pero sus experiencias anteriores le decían que no se confiase. Así que esperaría hasta que fuese de día para adentrarse a explorarla un poco.
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